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  • CyT Comunicaciones

    Pusimos toda la energía para que sea un éxito

    A 25 años del nacimiento de CyT Comunicaciones, dialogamos con Jorge Grabina, Director Comercial; Ariel Hepner, Director de Operaciones; y Raúl Farré, Gerente Comercial. Retrospectiva de un emprendimiento que, como dicen sus fundadores, nace en el lugar preciso y en el momento adecuado, para evolucionar y convertirse en una empresa de tecnología enfocada en brindar soluciones que agregan valor en el campo de las comunicaciones.

     

    En toda historia de emprendimiento tecnológico siempre hay un garaje, ¿cómo fue el caso de CyT?

    Ariel Hepner: No fue precisamente un garaje. Todo empezó en la oficina de un amigo, él tenía una empresa de control de plagas que funcionaba en una oficina de dos ambientes y nos prestó uno a nosotros. En las paredes tenía colgadas todas sus herramientas y había una mesa larga, básicamente nos prestó la mesa (risas). Tenía otra particularidad, no tenía una central telefónica, sino unas de 10 líneas directas. A nosotros, que necesitábamos probar sobre muchas líneas, nos vino bárbaro. Teníamos las líneas y la mesa.

    Raúl Farré: Estaba todo ambientado con fotos de cucarachas, ratitas, arañas… Era muy peculiar (risas).

    ¿Qué es lo que más recuerdan de esa época inicial?

    Jorge Grabina: Ariel y yo ya éramos ingenieros, trabajábamos en relación de dependencia y se nos había presentado un proyecto muy interesante de innovación, pero que no sabíamos si iba a funcionar comercialmente. El corazón del DAL, nuestro primer producto, era la detección de pulsos decádicos para la derivación de llamadas, que son los ruidos que pasan por la línea. Empezamos a darnos cuenta que estos ruidos variaban según las centrales públicas por las cuales pasaba la llamada. Es decir, dependía del barrio desde donde te llamaban. Fue un desarrollo muy empírico, muy a prueba y error con la tecnología que disponíamos en ese momento. Estuvimos en el lugar preciso, en el momento adecuado, y seguramente, con la gente precisa. Nuestro capital inicial fue nuestro tiempo.

    ¿Pero si estaban trabajando en relación dependencia en qué momento se dedicaban al proyecto?

    JG: Trabajábamos de noche y los sábados, ya queríamos ser emprendedores. Al principio teníamos trabajos a pedido. Por ejemplo, arreglábamos los tecladitos de las centrales NEC, ¿cómo se llamaban?

    AH: Botoneras multilínea.

    JG: Además, Ariel había trabajado en una petrolera haciendo auditorías en las refinerías de todo el país en el área de telecomunicaciones, algo que nos generaba cierto ingreso. Esto fue en marzo del ‘90. Ese mismo año comenzamos con el desarrollo del DAL, pero ya empezaba la primera ola de despidos de la década de los noventa  y en ese momento, Ariel se queda sin trabajo.

    AH: Yo trabajaba en una compañía constructora muy importante. En ese entonces cerraron uno de los centros de cómputos, yo estaba en la parte de comunicaciones, despidieron a unas 90 personas.

    JG: Ariel tenía un bebé y en ese momento vino a plantear: – ¿qué hago, busco trabajo o me dedico al proyecto? Entonces decidimos socializar nuestros sueldos, con el fin de generarle uno a Ariel en el caso de que CyT no generara sus propios ingresos. Esa decisión fue clave porque Ariel pudo dedicarse de lleno al desarrollo de nuestro primer producto, a darle otro aire.

    RF: Recuerdo que yo entré el 1º de julio del ’91, justo cuando se empezaban a hacer los primeros prototipos.

    JG: Claro, a mediados del ‘91 teníamos los prototipos y la certeza de que el proyecto iba a funcionar, ya teníamos las primeras ventas aseguradas. Ese año nosotros trabajamos en secreto, éramos como 3 científicos locos que estaban por conseguir la fórmula de la Coca-Cola. Habíamos relevado el mercado y sabíamos que hacía falta un producto como el que estábamos desarrollando. Y todo el tiempo estábamos atentos para que nadie se nos adelantara con algo similar.

    AH: La XT, una de las primeras PC, fue un elemento importante para este desarrollo y la producción, pero principalmente lo pudimos hacer gracias al ingenio nuestro para resolver un problema tecnológico.

    JG: Mientras tanto, yo continuaba trabajando en relación de dependencia. Cuando decido irme, ya habíamos vendido 2 equipos. Tenía 31 años, mi mujer estaba embarazada de mi primer hijo y asumí el riesgo. Nadie lo podía creer.

    AH: Esta es la fórmula secreta!!!

     

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